domingo, 31 de octubre de 2010

DEL AGUA Y LOS AÑOS

“El agua es incolora, inodora e insípida”. Estas son las propiedades físicas que aprendimos sobre ella, en nuestro viejo libro de texto escolar,  las personas de mi generación, al menos en su mayoría.

Mucho antes, sin embargo, habíamos aprendido por experiencia propia bien temprana que el agua que calmaba nuestra sed era una fiesta y una bendición, era un descanso, un gozo, una inyección de vida. Cuando nos sentíamos sedientos y acalorados, el agua suponía aquel placer intenso que al beberla se adentraba en el cuerpo agradecido, o al sumergirnos en ella nos envolvía con su caricia refrescante.

Luego, los años pasan. Los años han pasado. Y ahora somos personas mayores. Ese placer del agua sigue existiendo, sí,  pero para nosotros se hace  mucho menos frecuente.

Y es que, según los expertos, a las personas mayores les disminuye mucho la sensación de sed. ¡Paradójicamente, desde luego! Porque según parece, siguen necesitando la misma hidratación, o incluso más, para regenerar y revitalizar sus funciones fisiológicas, evitando así que su organismo languidezca y decaiga. ( Tal vez  “evitando” no sea la palabra más adecuada; mejor sería decir, menos taxativamente, “ralentizando en parte” su natural proceso de declive ) .
Sobre esto último habría que afirmar que, si la decadencia que traen los muchos años es de ley natural, lo bueno es aceptarla sabiamente. “Con naturalidad” - que es lo apropiado, según lo dice la palabra misma - .

Pero también es sabio alimentar la vida, dotar a la existencia de ilusión, de dirección consciente y voluntaria; soñar metas, querer la vida para algo, alentarla con energía fuerte y motivadora en búsqueda de plenitud.  Y para ello, previa y necesariamente,  cuidar el propio cuerpo como la parte física integrante de esa misma existencia, y aún más que eso: condición básica para su desarrollo, imprescindible herramienta en su construcción. 

(Porque, si bien es cierto que se puede desarrollar también una vida fecunda sin una energía emanada de la salud del cuerpo, ello exige una salud de espíritu muy grande y muy profunda, lo cual es mucho menos común).

Así que, aunque la edad madura o avanzada nos vuelva el agua insípida, y nos muestre su ausencia de color y de aroma, ante la falta de atractivo que en ella percibimos, hemos de tener claro que se trata tan sólo de un señuelo que la muerte maneja para engañar al ansia de vivir, para contrarrestar poco a poco su empuje y hacerla poco a poco claudicar.

Los expertos doctores, los que saben de esto, aconsejan beber de todos modos, aunque sea sin sed. Y sin embargo así, ¡qué triste el agua! ¡qué sosa!, protestamos.

Hay que buscarse trucos, estrategias, aplicar el ingenio a favor  de la vida: Si el agua no consigue motivarnos, ¡se pueden beber líquidos de frutas, se puede beber leche, o sanos jugos de otros alimentos, con tal que contribuyan a tener hidratado el organismo!

Porque muy bien está la aceptación serena del natural ocaso de la vida, pero ello no significa entregar ésta perezosamente, sin ofrecer una digna resistencia.

                          La desmotivación acecha en cada esquina,
                                   el desaliento tiene sus razones.
                           … ¡Pero aún más la esperanza decidida!

viernes, 29 de octubre de 2010

PADRENUESTRO

Padre,
que no inasible extraño
ni majestad ignota capaz de enmudecernos;
no Dueño inapelable, sino padre
que nos invita a hablar con sencillez,
en confianza íntima de hijos,

Padre Nuestro, de todos,
que no tan sólo mío y sí de cada uno:
huella de infinitud en nuestras almas,
comunión del origen que nos hace
reconocibles unos para otros
como seres fraternos,

Padre nuestro … que estás en el cielo,
porque trasciendes todos nuestros límites,
nuestros sentidos todos
y cuanto ellos alcanzan.
Padre nuestro del cielo que estás en la tierra,
porque todo lo bueno y hermoso
que en ella encontramos
de Tí nos habla, a Tí nos encamina.

PadreTu nombre sea
siempre santificado.
Glorificado seas con el ser
de la totalidad de seres que has creado.
Glorificado seas, sobre todo,
por una intención limpia y sin dobleces
en nuestros pensamientos y tendencias,
en nuestros pasos hacia Ti dispuestos,
en nuestro hacer y en nuestro deshacer.

Que nuestras vidas  se conformen, Padre,
con el feliz sentido que tu amor
proyectó para ellas en principio.

Que en todos nuestros actos, Padre nuestro,
seas libre, conscientemente honrado,
reconocido así como quien eres.
Siempre alabado seas
en cualquier expresión de nuestra hondura.


Venga a nos el Tu reino, Padre nuestro.
El reino de desean desde siempre
sin ser capaces nunca de alumbrarlo,
los milenios del hombre.

Venga a nos el tu reino de verdad sin disfraces,
venga a nos el tu reino de relaciones justas,
de rectos corazones
y de inocencia y de sabiduría
y sencillez y gozo y esperanza.

Reino de santidad pronto seamos,
Reino de Espíritu.



Así como en el cielo, así en la tierra
se haga Tu voluntad,
y la tierra será una tierra virgen
por el cielo habitada.
Haz que Tu voluntad nos sea alimento,
haz que la amemos con pasión del alma,
sobre toda otra cosa,
y que busquemos siempre conocerla
para verla cumplida, para hacerla
fruto de realidad.

(Que sea tu querer
motor de nuestro hacer,
y con amor sepamos recibirlo
cuando nos viene dado en el acontecer).

Danos hoy nuestro pan
de cada día ...y no pidamos más.
Gracias a tu cuidado, satisfechas
nuestras  necesidades verdaderas,
ésas que Tú conoces
más que nosotros mismos,
tan sólo danos fortaleza  y gracia
para no preocuparnos demasiado
por lo que excede de ellas.

Y  si comemos hoy
el pan de cada día, gracias por ese pan.
Impregna nuestras mentes de generoso celo
para que no olvidemos las carencias
de los que no lo tienen a su alcance;
que nuestro amor y que nuestra justicia,
nuestro sentido simplemente ético,
luche por conseguírselo.
No descansemos, Padre,
hasta que en todo el mundo
para todos los hombres
haya pan y trabajo, dignidad y respeto,
derecho y crecimiento genuinos. 
Conviértenos, Señor, en instrumento
de tu plan de justicia
y de tu providencia para el mundo-.

Padre, perdónanos.
Mira benevolente
los continuos desaires y traiciones,
de nuestra mezquindad, nuestra bajeza.

Y enséñanos también a perdonar
a aquéllos que nos hayan ofendido,
quizá tan miserables como somos nosotros,
quizá tan miserables, y no más.
Que perdonemos, Padre,
como perdonas Tú,
con el perdón nacido de antemano
antes incluso de sufrir la ofensa.
Que perdonemos, Padre,
las deudas que lo son y las imaginadas,
las heridas causadas a sabiendas
y aquellas otras que fabrica y urde
nuestra propia orgullosa suspicacia.


No nos dejes caer en tentación ninguna.
No nos dejes caer, que tropezamos
en cualquier altibajo del camino.
Mira que nuestro paso es vacilante,
mira que nos abate cualquier viento,
mira que somos débiles, mira que nos caemos…
¡No nos dejes caer!


Y líbranos del mal Tú, Padre bueno.
Líbranos de obrar mal,
líbranos de seguir ningún camino
que no termine en Tí,
que de Tí nos aleje, que nos pierda en lo oscuro,
que nos hunda en el pozo de lo que no eres Tú.

Líbranos también, Padre,
de padecer el mal, si ello es posible;
pero no se haga en esto
nuestro simple querer,
sino tu voluntad.

                               … Y que así sea.


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Meditación comenzada hacia 1985, continuada y reinventada con frecuencia, por el momento hasta fecha de hoy, 01-11-2010.

Una cita hermosa y verdadera:

"Cuando se ama a alguien, se le da nacimiento,
se le da confianza en sí mismo,
se le muestra lo hermoso que es,
se le revela la fuerza amorosa que hay en él
y su capacidad de dar vida"

                                                           Jean Vanier, "La fuente de las lágrimas" 
                                                                                   (Sal Terrae,  2004)

miércoles, 27 de octubre de 2010

CAMPOS DE PANCORBO


Paisaje de Pancorbo, lugar de La Moraña meridional, en la provincia de Ávila:
Tierras de secano, encinas, lomas sembradas de cereal, algunos pinares y bosquecillos de ribera. 
Al fondo, la silueta de las sierras de Ávila y La Paramera. (En la misma dirección, un poco más al Sur y ya fuera de la fotografía, está la Sierra de Gredos)

domingo, 24 de octubre de 2010

Sobre La Moraña abulense

Estoy pasando unos días (cuatro, para ser exactos) en una parcela que tenemos mi marido y yo en la llamada "Dehesa de Pancorbo", un encinar situado entre los pueblos de Velayos y Santo Domingo de las Posadas, en Ávila. Llevamos casados treinta y cinco años, y hace poco más de cinco, ante el hecho inminente de la emancipación de nuestros hijos, nos hicimos  aquí con una porción de tierra donde construir una casita de madera y cultivar algunos arriates ajardinados.
Pancorbo, como llamamos a este lugar, se enmarca en la parte sud-oriental de la comarca de La Moraña. Aquí se siente uno bien, integrado en la naturaleza, porque, si bien es cierto que nos hallamos en una "urbanización",  las características urbanas se reducen a lo más elemental: alumbrado, agua corriente y poco más. Las parcelas son muy grandes, por lo que los vecinos no nos molestamos unos a otros, y además, no todas están pobladas. En realidad, se trata de una "Entidad de Conservación", lo que implica que el propietario de una parcela, teóricamente al menos, se compromete a mantener en buen estado las encinas que se encuentran en ella.
En estos pocos años le hemos tomado mucho cariño a esta tierra. Por eso me he procurado informar acerca de la comarca. Y aquí voy a trasladar un resumen, basado en el texto de la Wikipedia:

La Moraña
La Moraña (tierra de Moros) es una comarca de la provincia de Ávila, situada en su zona norte, entre las provincias de Salamanca, Valladolid y Segovia.
Medio
El clima es mediterráneo continentalizado, con inviernos fríos (mínimas de -15Cº) y veranos cortos y templados-cálidos (máximas 35Cº), las precipitaciones se establecen en el ámbito de entre 450 y 650 mm anuales, con precipitaciones más abundantes en otoño y primavera y un periodo seco que va entre 2 y 3 meses. 
Se pueden marcar tres territorios dentro de la comarca de La Moraña: En el norte la denominada Tierra de Arévalo. Entre el río Arevalillo y la provincia de Salamanca, La Moraña Occidental,  y entre el río Arevalillo y la provincia de Segovia,  La Moraña Oriental, esta última atravesada por el río Adaja y Voltoya, con mayor superficie de bosque pinar y menor regadío, este último concentrado en mayor medida en las anteriores unidades geográficas.
Su altitud media sobre el nivel del mar es de unos 900 metros. Su pertenencia geográfica a la Meseta Norte se evidencia en su paisaje sedimentario, predominantemente llano. Sus tierras uniformes, salpicadas por algunos hitos y colinas así como algunos valles y lavajos, en las que tradicionalmente se alternaba el cultivo del cereal y de las legumbres con los rebaños de ovejas, son tan sólo alteradas por la presencia del río Adaja y sus pequeños afluentes, que atraviesan esta comarca y proporcionan zonas boscosas y húmedas, que se suman al salpiqueo de bosquetes islas y pinares. La masa forestal más densa se encuentra en la margen izquierda del río Adaja entre Villanueva de Gómez y Arévalo con una longitud cercana a los 30 kilómetros.
La economía de la comarca es, principalmente, agrícola.
Durante el siglo XX, el tradicional paisaje cerealista se fue transformando en una alternancia de cultivos de secano y regadío, gracias a las perforaciones que permitieron la extracción del agua de los acuíferos subterráneos. La aparición de cultivos de regadío ajenos a la región (remolacha azucarera, principalmente) transformó la economía de la comarca, y su proliferación agravó el problema de la pertinaz sequía, que se ve bien reflejada en el escaso o inexistente caudal de sus ríos.
La comarca está plagada de pequeños municipios compactos, separados habitualmente una media de 5 km. Dichos municipios poseen excelentes piezas de arquitectura románico-mudéjar. Tres buenos representantes de este estilo morañés son los templos de San Nicolás de Bari en Madrigal de las Altas Torres, la ermita de La Lugareja en Arévalo, y las iglesias parroquiales de Donvidas, Narros del Castillo, Horcajo de las Torres y Palacios Rubios.
Por su importancia ornitológica está en pleno corazón de la ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) de "Tierra de Campiñas", una de las más grandes de Europa, por su riqueza en aves esteparias como la avutarda.
Historia de la Comarca
Después de la despoblación producida desde la invasión árabe, la vuelta a su repoblación viene de la mano de grupos mozárabes y muladíes que desde la segunda mitad del siglo X y todo el siglo XI van estableciéndose en esta comarca, parte de las extremaduras castellanas, y zona de clara inestabilidad política hasta la reconquista de Toledo en 1085. El término La Moraña, hace referencia a la condición de mauri o moro en la cultura árabe. Estos pobladores si bien mantienen en su mayoría la religión cristiana, presentan elementos aglutinantes por cuanto usan indistintamente la lengua latina-romance y la árabe, igualmente y en este sentido conservaron su cultura romano-visigótica, pero con importantes elementos árabes. Es a partir de la citada reconquista de Toledo en 1085 y la consolidación de las extremaduras castellanas, cuando a través de los consejos de villa y tierra se va repoblando la comarca con emigrantes de otras partes del norte de la península.
Origen etimológico de La Moraña
Respecto al nombre de la región está bastante extendida la creencia, que vendría de tierra de moros, La Morania, que evolucionó a Moraña. Esta no es la versión que se tiene en la zona sobre el origen de dicho término, sino que la creencia popular es que vendría de Maraña, maraña de pueblos por la cantidad de pueblos que se agrupan en dichas tierras. No obstante, la proporción de moros en la zona debió de ser la misma que en el resto de las tierras de extremadura (extremos del duero), no siendo por ello característico dicha población para designar el territorio. En la zona de Ávila, tenemos una gran proporción de nombres que han conservado su origen prerromano. Es característico la abundancia del término Muñoz, que vendría de Munio (mendi en vasco), y que significa cerro. Por otra parte también encontramos el término Aran, valle en lenguas prerromanas, y presente también en el vasco, distribuido a lo largo de las dos vertientes del Sistema Central (Aranda, Jaranda, Jarandilla, Arandilla, Peñaranda, Aranjuez, etc.) En este caso, la palabra Moraña, podría fácilmente estar relacionada con ambos términos. De tal manera que evolucionaría a partir de Munio Arania -Munoaraña -Moaraña - Moraña. En este caso, la traducción podría ser algo parecido a "el valle de los cerros", debido a que la primitiva Muni Arania fueran terrenos más cercanos a Gredos y que se extendiese el nombre al resto de los llanos, o que las poblaciones originales se situaran en los pequeños cerritos que se encuentran a lo largo de la región.