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jueves, 23 de mayo de 2024

LA AMABILIDAD DE LOS EXTRAÑOS

En la casa no había café. Mejor dicho, sí lo había, pero no teníamos ninguna forma de edulcorarlo. Y a mí las amarguras no me gustan nada, ni siquiera como sensación gustativa. 

Habíamos llegado la tarde anterior a nuestro lugar de vacaciones, situado en una zona residencial, sencilla y tranquila, urbana pero cercana a la naturaleza. Un estupendo lugar, pero desconocido.

Esa mañana, echando de menos mi rutina matinal, decidí salir a cualquier bar cercano en busca de un café que pudiera endulzarse. 


Al salir a la calle me resultó evidente la ausencia de cualquier local público. Me puse a caminar, esperando algún resultado mejor a la vuelta de la esquina siguiente. Pero al volver la esquina, aparecía siempre el mismo panorama: viviendas muy playeras, muy majas, todas con su jardín, pero todas bien cerradas. Y ni un alma por la calle.


Yo continuaba una manzana más, y otra, pero no descubría nada nuevo. De pronto, al cruzar una transversal, encontré un ejemplar de homo sapiens en forma de mujer, entrada en años aunque no tanto como yo, que barría una puerta de calle en uniforme de limpieza. Supuse que debía desempeñar allí la función de conserje de la finca, y que conocería la zona.


Me acerqué a ella y le pregunté si había cerca algún sitio donde poder tomar un café: ¿bar? ¿cafetería?… Ella detuvo su tarea para atenderme y se puso a repasar mentalmente sus conocimientos sobre la cuestión. Trató de responderme, con un leve acento extranjero tal vez proveniente del Este europeo: "… Por esta calle adelante… No, no, eso queda lejos”… “A lo mejor en esa otra dirección… aunque no sé si estará abierto… Y está lejos también…". Así estuvo un momento más, hasta que de pronto se le iluminó la mirada, y haciendo ademán de extender los brazos hacia la casa, con ambas manos abiertas, me dijo: 

«Si lo que quiere es un café… ¡Aquí mismo!»


Lo había dicho sonriéndome abiertamente con tanta calidez que yo me sentí conmovida por su espontáneo y completamente inesperado ofrecimiento, y en un inmediato impulso la tomé por los hombros y le di un beso agradecido, exclamando “¡Oooh…! ¡Bonita!!!”


No quise robarle tiempo de sus obligaciones. Me despedí repitiéndole mi sincero agradecimiento por un gesto tan hospitalario e inusual en estos tiempos individualistas y egocéntricos.


 


Recordé entonces el título de una película que vi hace algún tiempo, "La amabilidad de los extraños” (The kindness of strangers). Una película un tanto sentimental pero muy agradable. Y me dije: “No, no es cosa de película. La amabilidad de los extraños existe de verdad”.


Tengo que añadir, además, que ésta no es, ni mucho menos, la única vez que lo he comprobado con mi propia experiencia.

miércoles, 5 de mayo de 2021

LA DEMOCRACIA LÍQUIDA

La democracia que vivimos en nuestra época, y no solo en España sino en casi todo el mundo, lo tiene muy difícil para funcionar bien, porque existe un problema fundamental que lo impide: Y es que la condición básica para que se tome una decisión correcta ante cualquier problema o elección, consiste en que el sujeto que ha de decidir, ya sea individual o colectivo, tiene que estar correctamente FORMADO e INFORMADO. 


-‘FORMADO’: es decir, que su persona tenga calado y profundidad, que sepa muy bien qué es lo que realmente quiere, qué valores prioriza, y qué contenido tienen esos valores (pongamos por caso el valor “libertad”, que ha de aclararse definiendo “de quién” y “para qué”), porque si no, los valores que deben guiar a la sociedad hacia su verdadera conveniencia se convierten en palabras vacías. 

-‘INFORMADO’ que conozca con veracidad la cuestión que se plantea y las circunstancias concurrentes. Si estas dos condiciones no se dan, la decisión que se tome por fuerza estará contaminada de error en un altísimo porcentaje.


Y muchos se rasgarán las vestiduras ante esta irreverencia que sugiere que el pueblo soberano que se expresa en las urnas puede equivocarse: ¡pues claro que se equivoca, con demasiada frecuencia! Yo diría que casi inevitablemente, porque desde las instancias del verdadero poder mundial, cuyo brazo se cuela por todas las rendijas, se lo mantiene intencionada y cuidadosamente sumergido en un caldo de cultivo hecho de banalidad y desinformación.


Sólo veo un desenlace posible a este endiablado nudo, y de momento únicamente a largo plazo: la definición, mediante consenso bien reflexionado de todas las corrientes de pensamiento y tendencias políticas, de aquellos VALORES HUMANOS UNIVERSALES, pocos pero profundos, en los que hay que basar la EDUCACIÓN DE LAS PERSONAS, en lo individual y lo colectivo, para que quieran y sepan buscar la verdad objetiva de las cosas, y tomar decisiones no condicionadas por intereses egoístas ni miedos inventados.


De momento no parece que vayamos por ahí.


https://www.facebook.com/1652405093/posts/10222478398982732/

sábado, 5 de enero de 2019

Dicotomía



- Tú  O  Yo: la fórmula de la competitividad.
Desde luego, el pilar básico del capitalismo, en cuya forma neo-ultra-liberal hoy triunfante, dedicado únicamente al objetivo central de producir Dinero, vemos continuamente atropellar vida y derechos por todas partes y en todos los aspectos.
Tú o yo: la lucha permanente por la supremacía del más fuerte. La ley de la selva. Comer o ser comido. Hobbes, ‘el hombre es un lobo para el hombre’.
Tú o yo: Crecer y hacerme grande, crecer y hacerme fuerte, porque el pez grande se come al chico, porque la fuerza es la fuerza del dinero, y la fuerza del dinero es el Dominio, la fuerza del dinero es el Poder: Yo te puedo. Yo te subyugo. Yo sobre tí.

- Tú  Y  Yo: la fórmula de la cooperación.
Tú y Yo somos al unísono, somos ayuda mutua y solidaridad. Somos equivalentes, porque ‘tú y yo’ es igual que ‘yo y tú’, porque: ‘hoy por tí, mañana por mí’, si es que lo necesito.
Tú y Yo somos juntos, somos corresponsabilidad, somos colaboración, somos relación y sociedad humana.
Tú y Yo, al mismo nivel, somos crecimiento auténtico, personal y colectivo.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Barquitos de juguete a vida o muerte



Barquitos de juguete, así de frágiles, 
como los de papel sobre la piedra, 
los de madera o plástico en el mar.

Barquitos de juguete sin defensa
contra calma o tormenta por igual. 

Así de vulnerables y de débiles, 
tal vez incluso más
entre la marejada, entre los vientos,
entre el agua y la sal,
en medio de los días bajo el sol inclemente 
o perdidos de noche en la honda oscuridad.

Así de vulnerables y minúsculos
ante un mundo sin alma ni sensibilidad.

Cargados de ansiedades, aspiraciones, miedos,
de deseos y sueños tan caros de luchar, 
llenos de decisiones tan firmes y resueltas
tomadas con humilde heroicidad.

Algunos tienen suerte y se mantienen,
los más escoran, muchos volcarán.
Pero eso ya lo saben los que suben a bordo,
peor es para ellos lo que dejan atrás.

El mundo les impone un viaje a vida o muerte 
en busca de una escasa opción de libertad.

(...Tanto coraje muestran los que pueden lograrlo
como aquellos que nunca conseguirán llegar)

viernes, 18 de mayo de 2018

INTOLERANCIA Y HUMANISMO

Si entre nosotros,  "los de aquí", españoles y europeos, asumimos que algún miembro de nuestro mismo colectivo puede cometer un crimen sin que a nosotros nos manche su mala fama, porque obviamente el criminal ha sido él y no el resto de nosotros, si estamos convencidos de que no nos convertimos con él en  terroristas ni delincuentes, ¿por qué en los casos de acciones de terrorismo islámico hemos de generalizar y acusar de ello a todo el colectivo musulmán que vive en nuestro territorio?

Occidente es lo que es por haber asumido, aunque a trancas y barrancas y aún después de mucha sangre y lágrimas, una cultura humanista que termina concretándose en la Declaración de los Derechos Humanos. A pesar de los muchos y espantosos borrones que ha echado sobre el papel de la Historia, la civilización occidental ha conseguido, siquiera teóricamente, ese logro, deudor al mismo tiempo de la cultura grecolatina y el humanismo cristiano. Quizá es el único logro del que pueda enorgullecerse, por encima de su superioridad científica, técnica o económica, que al fin y al cabo sólo se han utilizado como instrumentos de expolio y dominación.

Si de lo que tenemos miedo es de que el que viene de fuera nos colonice culturalmente, defendamos nuestros mejores valores, nuestra más genuina aportación a la historia humana y a la auténtica civilización global. Defendamos nuestra esencia cultural siendo coherentes con ella. Antes que españoles, blancos, cristianos, europeos ... antes que todo, seamos HUMANOS, y como consecuencias, HUMANISTAS.

Si en el seno de nuestra sociedad no respetamos la diferencia cultural, la convivencia y el diálogo entre iguales, la idea primordial de que "el otro", el diferente (por nacionalidad, raza, cultura, religión, posición económica, orientación sexual, o circunstancia cualquiera) es, ante todo UN SER HUMANO CON EL MISMO VALOR, LA MISMA DIGNIDAD, LA MISMA IMPORTANCIA, y por tanto,  El MISMO DERECHO A SER TRATADO COMO PERSONA, es decir, MIEMBRO DE PLENO DERECHO DE LA SOCIEDAD, si no actuamos conforme a este principio, estamos renunciando a lo que más y mejor nos define, lo que le da valor al hecho de que, además, nos haya tocado en suerte figurar en un registro civil con una serie de características y una nacionalidad y cultura que perfectamente podrían haber sido otras, sin que nos quepa en ello culpa ni mérito alguno.

Con manifestaciones de odio e ignorancia cerril, flaco favor nos hacemos a nosotros mismos en cuanto sociedad.

viernes, 25 de marzo de 2016

PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN: El fundamento último del perdón


La indignación es una consecuencia natural y positiva ante un estado de cosas desnaturalizado y perverso, ante una organización social injusta que todo lo abarca con tentáculos globales. Es lógico que surja en nosotros cuando vemos que los intereses egoístas de unos pocos aplastan las legítimas aspiraciones de la gran mayoría, cuando percibimos cómo el poder ignora y desprecia el sufrimiento humano. Cómo triúnfan y son más celebrados, tantas veces, los que más carecen de escrúpulos. La radical injusticia de que el fuerte oprima al débil: el 'pecado del mundo'.

Además, junto a la natural aspiración al bien que alienta en nosotros, la indignación también nos mueve a perseguir la construcción de un mundo que pueda estar presidido por la dignidad de todos.

Sin embargo, existe el gran peligro de que se desvirtúen todos nuestros esfuerzos, aunque se orienten a la más loable de las metas. Debemos estar atentos y vigilar de continuo nuestras propias motivaciones, porque pueden estar bebiendo de un manantial envenenado.

Indignación Sí. Pero  No odio. No rabia. Contra nadie.

Los que aspiramos a una nueva y mejor organización de la vida humana, debemos luchar con brío por conseguir que estas actitudes negativas queden de ella lo más lejos posible. Porque son las que desde siempre han conformado el orden viejo, y así ha ocurrido que se han ido produciendo cambios, pero nunca ha llegado el cambio. Con ellas de por medio no puede cuajar nunca un verdadero 'nuevo orden' de paz, más ético y equitativo.

"Ellos", por supuesto, tienen sus culpas. 'Ellos', los que disponiendo de un enorme poder de toda índole, lo usan para imponer sus particulares intereses, para poner todo tipo de trabas a las ruedas de la Historia -que, esta es mi convicción, a pesar de todo avanza lenta, inexorablemente, incluso con parones y retrocesos, hacia una mayor emancipación de la humanidad-. 'Ellos', los que representan esa despiadada y arrogante actitud que nos indigna.

Pero "nosotros", los que aspiramos a mejorar el mundo, no estamos en situación de erigirnos en jueces de sus personas; porque esas actitudes, en mayor o menor grado, también en nosotros se evidencian. Lo que ocurre es que ‘nosotros’ hemos adquirido cierto nivel de consciencia -y un correlativo mayor nivel de responsabilidad-  mientras ‘ellos’ aún no han despertado. No han abierto aún los ojos a determinadas realidades fundamentales; por eso actúan desde la negrura de ese arcaico corazón de fiera que en todos alienta todavía.

No han despertado, duermen. En cierto modo, no saben lo que hacen. 

No odiemos, no les odiemos, no nos permitamos sentimientos de rabia personal contra los que consideramos injustos, por muy inicuamente que ejerzan su poder. Aunque nos duela. Pues ‘ellos’ también han de ser liberados y tener cabida en ese nuevo orden más justo que aspiramos a edificar para todos.

Combatir sin rabia es difícil. Utópico, tal vez. Pero tratemos de sacar nuestra energía de otra fuente. Porque muy convencidamente creo que ese es el único camino de transformación real.


jueves, 22 de mayo de 2014

Atahualpa Yupanqui: TIEMPO DEL HOMBRE

TIEMPO DEL HOMBRE
Atahualpa Yupanqui


La partícula cósmica que navega en mi sangre
Es un mundo infinito de fuerzas siderales.
Vino a mí tras un largo camino de milenios
Cuando, tal vez, fui arena para los pies del aire.

Luego fui la madera. raíz desesperada.
Hundida en el silencio de un desierto sin agua.
Después fui caracol quién sabe dónde.
Y los mares me dieron su primera palabra.

Después, la forma humana desplegó sobre el mundo
La universal bandera del músculo y la lágrima.
Y creció la blasfemia sobre la vieja tierra.
Y el azafrán, y el tilo, la copla y la plegaria.

Entonces vine a América para nacer en hombre.
Y en mí junté la pampa, la selva y la montaña.
Si un abuelo llanero galopó hasta mi cuna,
Otro me dijo historias en su flauta de caña.

Yo no estudio las cosas ni pretendo entenderlas.
Las reconozco, es cierto, pues antes viví en ellas.
Converso con las hojas en medio de los montes
Y me dan sus mensajes las raíces secretas.

Y así voy por el mundo, sin edad ni destino.
Al amparo de un cosmos que camina conmigo.
Amo la luz, y el río, y el silencio, y la estrella.
Y florezco en guitarras porque fui la madera.

martes, 29 de mayo de 2012

HUMILDAD
 
La humildad es la primera de las virtudes capitales, en contraposición a primero de los pecados, la soberbia. Es cierto que de la humildad nace la gratitud, como también la sabiduría de reconocer la verdad allí donde se encuentre, en cualquier aspecto de la vida. La humildad supone la liberación de esa tiranía que nos imponemos al querer mantener a toda costa ese fantoche que nos construimos para presentar ante el mundo, tras el que nos escondemos y sobre el que pretendemos pasar por superiores a los otros... El resultado de esta liberación es la paz interior y la armonía con los demás.
(Gracias a 'Amor Incondicional en Acción' por  su reflexión)

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Hasta cuándo, Señor

Habacuc    1,   2-3   /   2,  2-4

“¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré: “Violencia”, sin que me salves? ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?”
El Señor me respondió así: “Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe”. 
                                                                .   .   .   .   .   .   .   .


“¿Hasta cuándo, Señor?” :  
 El grito  que traspasa los siglos, las edades.

Tú dices: Llegará.
Tú dices: La visión espera su momento. 
Tú nos dices: Se acerca.
.........

Llegará…, Lo creemos…

Pero entretanto  ¡qué largo es el tiempo!

Tú nos dices: Paciencia.
Resistencia.
Vigor en la esperanza.

(Paciencia  es confianza.
Confianza es obediencia.
Tú nos has dicho: espera.  
Tú sabes más, Señor)

Vivir tu voluntad y hacerla nuestra,
en el hacer y el ser y en el no hacer.
Construir la ciudad que Tú deseas
sin demora, sin pausa,  sin pereza…
Y esperar mientras tanto sin apremios. 
Ésa es tu gran respuesta.

Únicamente así nos será dado  
acortar esta  desolada espera,
precipitar en hecho el pleno desenlace
que desde siempre añoran las vueltas de la Tierra,
las rocas, y las aguas,
las hierbas, y los bosques,
los animales todos,
las horas, las distancias,
los átomos, …  los hombres.
(Los hombres  que te gritan:  “¿Hasta cuándo, Señor?”).

Pero Tú nos has dicho: Llegará. 
Y yo, Señor, Te creo. 





     .    .    .    .    .    .

sábado, 30 de abril de 2011

El tiempo vivido: ayer, hoy, ¿mañana?

Ya hace muchos años que fui joven por primera vez, pero he tenido en la vida muchas ocasiones de rejuvenecer, aunque no necesariamente regresando a estadios anteriores. Y estas ocasiones han sido en su inmensa mayoría encuentros personales, hallazgos de verdaderos tesoros en forma de experiencias, que me han enriquecido y ayudado a crecer como persona. He recibido el enorme y continuo regalo del amor, y en paralelo, la exigente y costosa tarea del amor, a la vez libre y necesario. Gracias a Dios mi vida ha estado casi siempre llena de personas, y cuando han parecido faltarme, y me he sentido sola o triste, ha sido siempre por mi ceguera para percibir en esos momentos cuán generosa estaba siendo conmigo la vida.

Hoy tengo preocupaciones, y afortunadamente, porque ello significa que gozo de las personas, próximas y lejanas, que me preocupan porque me importan.

Camino, como todos, entre temores y esperanzas, pero ante todo, confío. 
Aún cuento con la oportunidad de decidir ser mejor a partir de este preciso instante. La vida cotidiana es todavía un excitante y saludable reto.

Agradezco y bendigo la vida. Y estoy dispuesta a esforzarme para ser digna de ella.

jueves, 4 de noviembre de 2010

MI MOTIVACIÓN POLÍTICA (Indagaciones sobre la génesis de tan disparatada ocurrencia)



La mayoría lo piensan, aunque lo callan por respeto, prudencia, o por total incomprensión. Alguno hay, sin embargo, que se ha atrevido a expresármelo:

¿Cómo se te ha ocurrido “meterte” en política?
(O sea: 
¿Cómo es que te acercas a un ámbito tan confuso, tan desgastado, tan  desprestigiado? 
¿Qué te puede ofrecer ese universo tan marcado por los intereses mezquinos, las rivalidades personalistas, las estratagemas engañosas, los manejos ocultos, la simulación, y sobre todo, el apetito de poder? 
¿Qué “pintan” en política los ingenuos como tú?)

Yo misma también me  hago esas preguntas.

Si me pongo a pensar en ello detenidamente,  necesito ponerme a escribir para tratar de poner cierto orden en el discurrir del pensamiento.

Y así, voy percibiendo que todas las objeciones y dudas se desvanecen ante una idea, que se hace evidente y moralmente imperativa para mí:  No me puedo restringir a una vida estrictamente particular, familiar, privada. Y esto es porque entiendo que una vida plena nos interpela, o debe interpelarnos, desde todas las coordenadas de la realidad:  

      -  Primero vivimos el ámbito puramente personal:  la propia intimidad subjetiva, la afectividad y el raciocinio, el sentido sobrenatural.  Y también, un poco fuera y un poco dentro de nosotros, la pareja y la familia,  las personas queridas,  la comunicación humana.
-  En seguida llegamos, o nos llega más bien, el espacio social: la asimilación del bagaje que la comunidad  nos lega (con la misión de acrecentarlo), la colaboración con los demás en el terreno laboral,  el cumplimiento de las normas ciudadanas.
-  Pero, según yo lo veo, hay otro ámbito importante en el que tenemos la obligación moral de introducirnos, o inmiscuirnos siquiera con el pensamiento:  Yo lo llamo el ámbito “histórico”.

Y aquí creo que está el centro de la cuestión. Porque, seamos conscientes o no de ello, nuestra biografía personal está enmarcada  en la historia general del devenir humano,  nuestras actitudes y acciones conforman, aunque sea mínimamente, los pasos del hombre sobre la tierra, el desarrollo de su cualidad “humana” en el tiempo,  que yo creo y quiero creer llamado a la plenitud. Somos una especie que aún está en proceso de “auto-creación”. Recibimos de las anteriores generaciones unas huellas marcadas, un camino más o menos  definido, conformado de experiencias de avance o retroceso, y  también de extravíos que nunca son estériles si se toma de ellos su lado aleccionador.  Nos es muy importante conocer los pasos que antes dieron nuestros ascendientes, porque el próximo paso lo hemos de dar nosotros, y es vital decidir en qué sentido.

En este inmenso espacio-tiempo de la Historia, a la mayoría de nosotros apenas nos cabe hacer más que “bulto”:  Somos como partículas de masa microscópica zarandeadas por la fuerza de cósmicos  vientos desmedidos.  Sin embargo  (¡ah,  sin embargo!),  estamos hechos de algo más que masa:  Porque somos  partículas dotadas de libertad.  Podemos dejarnos mover pasivamente por el viento, sí,  pero contamos  a pesar de todo con el poder de posicionarnos, utilizando nuestro propio esfuerzo, en el lugar que escojamos para añadir a él esa nuestra pequeña masa. Es verdad que esta elección se reduce a muy estrechos límites, pero sobre la tierra sólo al ser humano le ha sido dada la oportunidad.

En este ámbito histórico, yo siento como una responsabilidad ineludible el participar jugando conscientemente  mi  papel,  el que yo misma designe según las luces que se me hayan otorgado. Y este papel,  aunque sea minúsculo, se hace significativo y necesario para dar forma y sentido a mi propia vida personal.

Quiero, libremente, aportar mis humildes capacidades para empujar el presente paso de mi época en la dirección que creo más cercana al bien, la que más debe acercar al hombre a la mejor humanización de sí mismo y del mundo, al mejor crecimiento hacia la plenitud. Es un ideal tal vez irrealizable del todo, pero irrenunciable al mismo tiempo.

Una matización importante: Ésta no es tarea individual. No se hace “montón” ni “bulto” con la masa de uno sólo.

Es bueno, por eso, encontrar compañeros para un afán tan grande. Y adaptarse, sin diluirse en él, a un grupo, si se tiene la suerte de encontrar el adecuado.  Porque la libertad es de cada uno, pero para realizarla es necesario colaborar con otros y darle un cumplimiento colectivo, intentando alentar  un paso “histórico”.

Y en esto, creo yo, ha de basarse la vocación política, en el deseo de servir a nuestra única patria, que es la Humanidad:  es decir, los hombres y mujeres todos, en su trayectoria histórica colectiva.

Sí, creo que hay que vivir nuestra dimensión política. Hay que alistarse en la lucha de la propia época, una lucha que en principio no debe ser  ‘contra’ nadie, pero sí  ‘a favor’ del hombre:  el hombre universal, el que se está fraguando, el que continuamente se re-crea a sí mismo construyendo sus pasos, su camino.
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                                                                                 (Escrito el 7 de enero de 2010)

domingo, 31 de octubre de 2010

DEL AGUA Y LOS AÑOS

“El agua es incolora, inodora e insípida”. Estas son las propiedades físicas que aprendimos sobre ella, en nuestro viejo libro de texto escolar,  las personas de mi generación, al menos en su mayoría.

Mucho antes, sin embargo, habíamos aprendido por experiencia propia bien temprana que el agua que calmaba nuestra sed era una fiesta y una bendición, era un descanso, un gozo, una inyección de vida. Cuando nos sentíamos sedientos y acalorados, el agua suponía aquel placer intenso que al beberla se adentraba en el cuerpo agradecido, o al sumergirnos en ella nos envolvía con su caricia refrescante.

Luego, los años pasan. Los años han pasado. Y ahora somos personas mayores. Ese placer del agua sigue existiendo, sí,  pero para nosotros se hace  mucho menos frecuente.

Y es que, según los expertos, a las personas mayores les disminuye mucho la sensación de sed. ¡Paradójicamente, desde luego! Porque según parece, siguen necesitando la misma hidratación, o incluso más, para regenerar y revitalizar sus funciones fisiológicas, evitando así que su organismo languidezca y decaiga. ( Tal vez  “evitando” no sea la palabra más adecuada; mejor sería decir, menos taxativamente, “ralentizando en parte” su natural proceso de declive ) .
Sobre esto último habría que afirmar que, si la decadencia que traen los muchos años es de ley natural, lo bueno es aceptarla sabiamente. “Con naturalidad” - que es lo apropiado, según lo dice la palabra misma - .

Pero también es sabio alimentar la vida, dotar a la existencia de ilusión, de dirección consciente y voluntaria; soñar metas, querer la vida para algo, alentarla con energía fuerte y motivadora en búsqueda de plenitud.  Y para ello, previa y necesariamente,  cuidar el propio cuerpo como la parte física integrante de esa misma existencia, y aún más que eso: condición básica para su desarrollo, imprescindible herramienta en su construcción. 

(Porque, si bien es cierto que se puede desarrollar también una vida fecunda sin una energía emanada de la salud del cuerpo, ello exige una salud de espíritu muy grande y muy profunda, lo cual es mucho menos común).

Así que, aunque la edad madura o avanzada nos vuelva el agua insípida, y nos muestre su ausencia de color y de aroma, ante la falta de atractivo que en ella percibimos, hemos de tener claro que se trata tan sólo de un señuelo que la muerte maneja para engañar al ansia de vivir, para contrarrestar poco a poco su empuje y hacerla poco a poco claudicar.

Los expertos doctores, los que saben de esto, aconsejan beber de todos modos, aunque sea sin sed. Y sin embargo así, ¡qué triste el agua! ¡qué sosa!, protestamos.

Hay que buscarse trucos, estrategias, aplicar el ingenio a favor  de la vida: Si el agua no consigue motivarnos, ¡se pueden beber líquidos de frutas, se puede beber leche, o sanos jugos de otros alimentos, con tal que contribuyan a tener hidratado el organismo!

Porque muy bien está la aceptación serena del natural ocaso de la vida, pero ello no significa entregar ésta perezosamente, sin ofrecer una digna resistencia.

                          La desmotivación acecha en cada esquina,
                                   el desaliento tiene sus razones.
                           … ¡Pero aún más la esperanza decidida!