El monte y yo estamos solos
mirándonos en silencio,
conversando sin palabras
como dos amigos viejos,
como conciencias hermanas
que comparten pensamientos.
El monte y yo nos miramos
callando lo que sabemos:
que somos ondas distintas
que parten del mismo centro,
que se expanden desde siempre
cada vez más y más lejos,
y que cantan a la vez
la canción del Universo…
En el monte, el campo asciende
desde la tierra hasta el cielo,
alzándose frente a mí
para servirme de espejo:
El monte, lleno de vida.
Yo, de reconocimiento.
Esa es la imagen más mía,
la imagen en donde encuentro
a todas las criaturas
en todos los elementos,
y en todas las realidades
el Todo que llevan dentro.
Esa es la imagen más mía,
donde mejor me reflejo.
La que no me da apariencia,
sino mi ser verdadero:
la que me muestra el Milagro
apenas en un destello,
la huella de lo Inefable
en el centro de mi centro,
cuando mi mente despierta
y me atraviesa el Misterio.
…En mi reflejo está todo
el Todo que yo reflejo.
El que me muestra quién soy
cuando de veras me encuentro.
(1969)