viernes, 25 de marzo de 2016

PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN: El fundamento último del perdón


La indignación es una consecuencia natural y positiva ante un estado de cosas desnaturalizado y perverso, ante una organización social injusta que todo lo abarca con tentáculos globales. Es lógico que surja en nosotros cuando vemos que los intereses egoístas de unos pocos aplastan las legítimas aspiraciones de la gran mayoría, cuando percibimos cómo el poder ignora y desprecia el sufrimiento humano. Cómo triúnfan y son más celebrados, tantas veces, los que más carecen de escrúpulos. La radical injusticia de que el fuerte oprima al débil: el 'pecado del mundo'.

Además, junto a la natural aspiración al bien que alienta en nosotros, la indignación también nos mueve a perseguir la construcción de un mundo que pueda estar presidido por la dignidad de todos.

Sin embargo, existe el gran peligro de que se desvirtúen todos nuestros esfuerzos, aunque se orienten a la más loable de las metas. Debemos estar atentos y vigilar de continuo nuestras propias motivaciones, porque pueden estar bebiendo de un manantial envenenado.

Indignación . Pero  No odio. No rabia. Contra nadie.

Los que aspiramos a una nueva y mejor organización de la vida humana, debemos luchar con brío por conseguir que estas actitudes negativas queden de ella lo más lejos posible. Porque son las que desde siempre han conformado el orden viejo, y así ha ocurrido que se han ido produciendo cambios, pero nunca ha llegado el cambio. Con ellas de por medio no puede cuajar nunca un verdadero 'nuevo orden' de paz, más ético y equitativo.

"Ellos", por supuesto, tienen sus culpas. 'Ellos', los que disponiendo de un enorme poder de toda índole, lo usan para imponer sus particulares intereses, para poner todo tipo de trabas a las ruedas de la Historia -que, esta es mi convicción, a pesar de todo avanza lenta, inexorablemente, incluso con parones y retrocesos, hacia una mayor emancipación de la humanidad-. 'Ellos', los que representan esa despiadada y arrogante actitud que nos indigna.

Pero "nosotros", los que aspiramos a mejorar el mundo, no estamos en situación de erigirnos en jueces de sus personas; porque esas actitudes, en mayor o menor grado, también en nosotros se evidencian. Lo que ocurre es que ‘nosotros’ hemos adquirido cierto nivel de consciencia -y un correlativo mayor nivel de responsabilidad-  mientras ‘ellos’ aún no han despertado. No han abierto aún los ojos a determinadas realidades fundamentales; por eso actúan desde la negrura de ese arcaico corazón de fiera que en todos alienta todavía.

No han despertado, duermen. En cierto modo, no saben lo que hacen

No odiemos, no les odiemos, no nos permitamos sentimientos de rabia personal contra los que consideramos injustos, por muy inicuamente que ejerzan su poder. Aunque nos duela. Pues ‘ellos’ también han de ser liberados y tener cabida en ese nuevo orden más justo que aspiramos a edificar para todos.

Combatir sin rabia es difícil. Utópico, tal vez. Pero tratemos de sacar nuestra energía de otra fuente. Porque muy convencidamente creo que ese es el único camino de transformación real.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

EL HOMBRE - 1980 - (II)



No temáis. No temáis por el hombre.

Aunque veáis caerse el mundo,
aunque veáis disolverse los poderes
que ordenaban el tiempo y el espacio,
aunque sintáis reblandecerse, informes,
las columnas de hierro
que sostienen las leyes y las cosas,
no temáis por el hombre, os lo repito.

Pues el hombre, sin duda, está llamado
a la tensión penosa y a la angustia;
el hombre está llamado al sufrimiento,
y a la perplejidad,
y al fragor de la lucha,
y al esfuerzo, y al miedo... 
(Quizás al miedo sobre todo, sí.)

Pero, a pesar de todo, no temáis:
Porque no está llamado a la derrota.

No temáis por el hombre,
sino apostad por él con confianza,
no temáis por el hombre, sino amadlo,
respaldadlo con todas vuestras fuerzas,
porque cuanto mayor sea el desafío,
la respuesta será más vigorosa.
Y habéis de estar seguros
de que él responderá.

Y esto, el científico,
que lo examine a fondo y lo cuestione,
y que lo cuantifique, si es que puede,
pues así debe hacerlo, ése es su oficio.
Y el analista, en frío,
que metódicamente lo escudriñe,
que lo estudie impasible
con calma y con mesura.

Al ser humano, en cambio, 
le cabe únicamente
creer siempre con toda obstinación
en su espíritu inmenso, inagotable.

Y al poeta, gritarlo a todas voces:

¡No temáis, no temáis!

...Porque en él hay sembrada una semilla
que brotará imbatida todas las primaveras,
y no hay muerte que valga frente a eso.
                 

EL HOMBRE - 1980 - (I)



Cuando hablo del hombre
no hablo del miserable hombre,
ni del autosuficiente hombre,
ni del hombre muerto
de la rutina y el tedio.

Cuando hablo del hombre
hablo de cada uno,
hombre, mujer real,
tú, tú, y aquél, y ése ...
Y también del moribundo y del embrión
que están cruzando los umbrales.

Cuando hablo del hombre
hablo de mi más hondo templo.

Cuando hablo del hombre
hablo de un ser a medio hacerse,
de una capacidad casi infinita
por llenar hasta el colmo.

Cuando hablo del hombre
hablo de la  esperanza.      ... (¿?) ...
(Sí, la  esperanza  he dicho, no es errata)

Y digo:

Santo es el hombre. 
Sagrado.
Porque santo es su destino.      



Tierras del Adaja (2004)



Verano de rastrojos amarillos,
cielos limpios y vientos rumorosos ...               ¡Amplias lomas vecinas del Adaja,
suaves cuestas adustas
que ha modelado el Duero,
sencillos campos de Ávila dorados,
cuán por entero mi alma os pertenece,
qué armonía tan justa y acoplada
la que mi corazón gusta y respira
como niño de pecho acurrucado 
mientras lo mecen vuestros brazos nobles,
que a la vez son paisaje, historia, idioma,
y que dan, bienamados, alimento
a su raíz vital, su sentimiento!









martes, 1 de septiembre de 2015

Luna


Luna, 

nunca te he olvidado.

Blanca

Como mi recuerdo.

Limpia

Como mi esperanza.

Alta

Clavada en el cielo,

siempre arriba, más arriba,

llamándome desde lejos.


Luna

jamás escondida.

Amiga

eterna de plata.


Estoy viva, porque llevo

tu luz brillando en el alma.



miércoles, 1 de julio de 2015

Meditación ante un crucifijo (2000 años después)

jesus-753063_1280J. I. González Faus. (N.B. Casi por los mismos días, dos amigos me piden que mire de recuperar este texto que tiene ya más de 40 años y apareció en una revista que ya no existe. Manera de recuperarlo puede ser enviarlo a este blog por si a alguien le es útil).
Ya ves: en el fondo hemos aprendido bien tu lección y te perdonamos también nosotros. Y hasta te perdonamos con tu misma generosidad excusante: no sabías lo que te hacías ¿verdad?
Ahora comprenderás que, si hubieses tenido veinte años más, todo habría terminado bien. Habría sido más fácil llegar a un acuerdo. Y luego, hasta puede que Pilato te hubiese concedido una audiencia y hubiese designado un centurión para que te guardara las espaldas. Y, créenos, todo eso habría repercutido en mayor bien de tu pueblo.
Pero en fin: ya pasó todo y será mejor no volver a hablar de ello. Sólo te reprochamos una cosa: que no hicieras caso a los ancianos (Mt 15,2: 26,47.57; 27,1). Ellos sabían mejor que tú que la madurez no consiste en decir no ante las cosas, sino en justificarlas. Ellos ya sintieron tener que promover tu condena. Pero… ahora que ya han pasado aquellas horas negras y el tiempo ha podido suavizar muchas asperezas, reconoce que tu actitud facilitaba bien poco las cosas.
Si hubieses sido más prudente como te aconsejaban tus familiares (Mc 3,32; Jn 7,3-5) -ahora comprendes que te querían bien ¿no?-, habría podido evitarse el desenlace y habrías tenido más tiempo y más oportunidades para seguir predicando al pueblo aquellas cosas tan bonitas que predicabas (porque nosotros también sabemos apreciarlas, ¿ves?). Habrías podido hacer más bien. Compréndelo: en la vida siempre es necesario un poco de flexibilidad. Hay que pactar, hay que renunciar a lo ideal para salvar lo posible…
Tú en cambio… ¡en buen lío nos metiste! ¿No ves que marxistas como ese tal Garaudy, se aprovechan de tu imprudencia para hacer panegíricos tuyos y decir que en ti “el amor debió ser militante, subversivo”, que por eso te crucificaron, que “pusiste de manifiesto lo absurdo de todas las sabidurías, al demostrar precisamente lo contrario del destino inexorable: la libertad, la creación, 
la vida?”… ¡Por favor! Comprende que todo eso nos coloca en una situación bien poco airosa, y que luego nosotros nos las deseamos para paliar los efectos de tu idealismo inexperto.
Pero en fin, ya te he dicho que no tratamos de reprocharte nada. De veras tendrías que creer que nuestra disposición para un diálogo es inmejorable y que estamos seguros de que será posible llegar a un acuerdo. Sólo deberías tener en cuenta que tenemos muchos más años y más experiencia que tú.
Sé razonable. Estamos seguros de que ahora que los años te habrán hecho reflexionar y nos darás a razón, siempre será posible un arreglo. Y sin duda que interpretaremos correctamente lo que tú harías hoy -que ya no eres tan joven- si nos limitamos a hacer de tu cruz una alhaja para nuestras jerarquías o un adorno para nuestros dormitorios.
Déjanos hacer. Ya verás cómo es para bien de todos.
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martes, 30 de junio de 2015

Emiliano Calle: '¿Cómo habéis llegado a callaros ante tantas familias desahuciadas?' :: España :: Religión Digital

 A mi entender, éstas son palabras de profeta, puramente evangélicas:
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Carta abierta de un cura madrileño a los obispos españoles 

(Emiliano Calle Moreno, sacerdote)

Emiliano Calle: '¿Cómo habéis llegado a callaros ante tantas familias desahuciadas?' :: España :: Religión Digital

"Necesitamos obispos creyentes y casi suicidas, dispuestos a soportar los golpes de los señores del dinero"


Emiliano Calle Moreno, 26 de junio de 2015 a las 17:42
 "Si optaís por los pobres, os van a triturar desde vuestra Cope y desde vuestra 13-Televisión y desde todas la emisoras y periódicos amigos
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Obispos en Ávila

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Los obispos españoles, en Ávila

  • Obispos en Ávila
  • Los obispos españoles, en Ávila
Queridos hermanos Obispos: He leído y releído la Instrucción Pastoral "IGLESIA, SERVIDORA DE LOS POBRES" y me ha gustado, pero no mucho. Creo que en ese documento se mezclan muchas cosas: la crisis económica, el empobrecimiento espiritual y otras viejas cantinelas episcopales que reflejan una visión bastante negativa del mundo moderno. Me parece que a ratos el documento acierta con el contenido y con el tono, pero a ratos el contenido deriva hacia viejas discusiones y hace juegos retóricos con citas viejas.
A los curas con los que me relaciono les ha gustado mucho y estaban alegres, pero a mí no me ha gustado tanto. Y me imagino que a las víctimas y a los maltratados por la crisis económica tampoco les habéis dicho mucho que les refuerce la esperanza.
Repasad para qué les valen las "Propuestas esperanzadoras desde la fe". ¿Dónde encuentra ahí un parado o una víctima de la crisis económica una propuesta esperanzadora? No puedo decir que habéis malogrado un intento bienintencionado pero sí que creo que lo podríais haber mejorado mucho. Perdonadme por hablar tan claro.
Os hablo como a hermanos con los que estoy muy implicado en muchas cosas. No me toméis como un extraño que se mete en vuestra vida. Yo sólo pretendo ayudar.
He visto en el documento el afán de tratarlo todo, el deseo de acertar, las ganas de citar con profusión palabras de los papas, a veces, no muy bien elegidas.
Yo quiero deciros, hermanos Obispos, que soy un cura de 70 años que trabajo en la Parroquia de Santa Bibiana del Cruce de Villaverde en Madrid. He estado muy atento a "los signos de los tiempos" que nos están diciendo en su lenguaje muchas cosas que hay que saber interpretar.

A mí me parece que la mayoría de los políticos no entienden nada de eso, pero, perdonad, pienso que la mayoría de los obispos, tampoco. Por eso a la hora de valorar las cosas que ocurren, se os ve como perdidos, dando palos de ciego, a veces, derramando sospechas o condenas contra lo nuevo que no controláis. Recordad las palabras episcopales sobre los Indignados.
Tampoco sabéis bien por qué estáis perdiendo adhesiones a riadas. A veces decís que es que el mundo se ha ido haciendo cada vez más laicista, más ateo, más indiferente. Pero yo creo que no es eso sólo. Se nos va la gente y hemos hecho una iglesia tan poco valorada (como los políticos y los banqueros), porque seguimos con hábitos viejos.
Hemos empezado una época nueva, no sólo por los aires de novedad del Papa Francisco, sino también por sensaciones nuevas que recorren las sociedades modernas. La iglesia y la religión no pueden ser lo que han sido siempre. En el corazón de los seres humanos hay una aspiración que sintoniza con las preocupaciones de Jesús: hacer que todos los seres humanos, todos, puedan ser un poco más felices en este mundo. Todavía hay curas y obispos que no tienen claro todo esto.
Yo os pido perdón por si os parezco un listillo prepotente. Con toda humildad, por si os sirve, os quiero decir lo que honradamente he visto en esos movimientos subterráneos de la sociedad de hombres y mujeres de nuestro mundo.
Empiezo por deciros que "el enemigo a combatir" (lo estamos viendo cada vez más personas) es la omnipotencia del dinero, la tiranía de los Mercados, la desvergüenza de los fondos de inversión, las plataformas al servicio de los especuladores, las doctrinas 
que los sustentan, los agentes sociales que los predican, entre otros muchos, la Cope, 13-Tv, y gran parte de la Iglesia.

Ese es el enemigo que tenemos que identificar y combatir. No os confundáis de 
enemigo. Pensadlo despacio y veréis que no estoy diciendo ningún disparate. Vosotros
 mismos lo decís en la Instrucción Pastoral. Los señores del dinero son nuestros 
verdaderos enemigos a los que los gobiernos más de derechas les han ido dando el poder
de dictar, en favor suyo, todas las políticas económicas, las leyes ciudadanas, el nuevo
artículo de la Constitución diciendo que es más importante pagar las deudas que ayudar a sobrevivir a los ciudadanos en apuros.
Los señores del dinero han metido en la cabeza de montones de ciudadanos, (incluidas las de muchos obispos) que se puede desahuciar a un pobre que no paga; que el Banco de Europa puede prestar dinero a los bancos para que hagan negocio pero no puede prestar dinero a los gobiernos para que saquen de apuros a sus gentes. Esas leyes sacrosantas e intocables que se han dado esos señores en favor suyo, ensucian todo el entramado de la política y de las instituciones. Hay que limpiar ese mundo. Vosotros lo decís con otras palabras.
Queridos Obispos: si queréis sintonizar con los seres humanos que sufren la plaga de la crisis, poneos de su parte y en contra de las pretensiones de los Mercados. Los ciudadanos de a pie necesitamos levantar la cabeza para ver a quién tenemos a nuestro lado. Si todavía no habéis descubierto quién es el enemigo de la vida digna de los pobres, estáis trabajando por una iglesia que se aleja de los preferidos de Dios y se marcharán abandonándoos en vuestra burbuja.
La sociedad de hombres y mujeres indignados con sus políticos, vuelve con frecuencia su mirada a la iglesia para ver si les ofrece alguna "propuesta esperanzadora desde la fe". Y si lo que le ofrece no le sirve, votará a quien los defienda de la garra todopoderosa de los señores del dinero.
¿A quién apoya la Iglesia española y la Europea? ¿A quién apoya el Banco Mundial,
el Fondo Monetario Internacional, la Troika, el Parlamento Europeo y todas las instituciones de la Unión Europea bajo la égida de la Derecha Europea? ¿A quién apoyan? Han convertido a la Unión Europea en una porquería que a millones de pobres les produce nauseas.
Menos mal que el Papa Francisco dijo una frase sencilla y sublime que tenía que llenar las sacristías como llena "las marchas por la dignidad": "el dinero debe servir. No mandar". Predicad eso, por favor. Predicadlo. No lo dijo el Papa por sus residuos peronistas. Es lo que tiene que decir cualquier persona que tenga los ojos bien abiertos a los pobres: que el dinero es para servir a las personas y no para mandar.
Queridos Obispos: si queréis servir a los pobres, como decís en la Instrucción, tendréis que luchar desde vuestras cátedras, cuerpo a cuerpo, por pararles los pies a los "enemigos de la vida digna para los pobres."Ahora pienso ¿cómo habéis llegado a callaros ante tantas familias desahuciadas? ¿Cómo no habéis gritado que están antes las personas con sus necesidades que la avaricia de los prestamistas? ¿Cómo no os habéis desgañitado desde la Cope o desde 13-Televisión contra la reforma de la Constitución que pone por delante de las personas el pagar las deudas?
¿En qué evangelio cabe eso? ¿Cómo no habéis defendido a los enfermos de hepatitis C frente a la rapiña de una empresa comercializadora que juega con la vida de las personas para forrarse? Defender a los pobres no es meterse en política. Es evangelio puro. ¿No queréis colaborar en pararles los pies a esas gentes del poder económico? Pues decidme entonces para qué quieren los pobres nuestra iglesia.

Yo comprendo que para vosotros esa lucha es muy difícil. Es un cambio muy grande en vuestra trayectoria vital y en vuestros planes. Supondrá un riesgo muy grande, incluso, de muerte. Pensadlo bien antes de meteros. Os van a triturar desde vuestra Cope y 
desde vuestra 13-Televisión y desde todas la emisoras y periódicos amigos hasta ese 
momento. Los señores del dinero se han ido haciendo cada vez más poderosos y ahora 
controlan los gobiernos, las instituciones, los viejos partidos políticos, las televisiones, 
los periódicos, las tertulias y, por activa o por pasiva, casi todas las parcelas de la Iglesia. Una parte de la Iglesia os excomulgará de su teología y de su lado.
Hermanos Obispos: no estaría mal que fuerais catequizando a los españolespredicándoles que no es más importante pagar deudas que procurar la vida digna de los pobres; diciéndoles a los políticos que hay que a parar radicalmente los desahucios, sólo por razones de pura humanidad; que la deuda hay que pagarla, si se puede; que los pobres son sagrados: que no vais a permitir de buena gana que a un pobre le falten alimentos, medicinas, luz, agua, calefacción, etc.
Entonces os apoyarán los pobres y todos los ciudadanos de a pie. Pensad a ver con quién queréis estar y con quién estaría Jesús. Los señores obedientes al dinero y hasta ahora amigos vuestros, armarán una escandalera contra vosotros. Os acusarán de haberos convertido a la teología de la liberación, de haberos vuelto comunistas, bolivarianos, antisistema y otras lindezas parecidas, pero entonces los sufridos ciudadanos estaremos contentos porque hemos encontrado por fin a unos obispos que valen la pena. Dignificareis la Iglesia de los pobres, esos a los que Jesús puso en el primer lugar de sus preferencias y a los que vosotros decís que queréis servir.
Yo, para abrazaros feliz, sólo necesito veros alineados con los pobres que sueñan con destronar al dios dinero. Desde hace bastante tiempo tengo unos presentimientos que os cuento. Pienso que los próximos 40 ó 50 años los dedicará el mundo a recuperar la centralidad del ser humano y a espantar a los mercados asesinos. Espantarlos. Echarlos
lejos. En los próximos tiempos, la Religión de Jesús será gastar nuestro tiempo, nuestras 
luchas y nuestras energías para hacer un mundo nuevo donde puedan ser algo más 
felices los pobres, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia.....
No habrá otra tarea más noble ni más bonita. Y poco a poco, a esa tarea tan noble y tan bonita (vosotros la llamáis Caridad cristiana pero el evangelio la llama Reino de Dios) a esa tarea tan noble y tan bonita se irán sumando más personas, más gobiernos, más instituciones y más grupos de Iglesia que han abierto los ojos a la realidad más real.Estamos en los albores de una nueva revolución, parecida a la que se produjo en el mundo con el descubrimiento de los derechos humanos.
Desde el sermón de Montesinos en La Española hasta la Revolución Francesa hubo un caminar del mundo hacia el reconocimiento de los derechos humanos. Para vergüenza nuestra, muchos eclesiásticos de altura se opusieron, pero el mundo continuó caminando. Ahora estamos empezando otro nuevo caminar: vamos a poner a los seres humanos por encima de los mercados y del dinero. Nuestro mundo está empezando esa andadura.
La política de antes, esa que la llevaban de la mano los dueños del dinero, esa no nos vale ya. El mundo, en los próximos cincuenta años, caminará hacia poner en el centro de todas las preocupaciones al ser humano. Y ¿por qué lo sé? Porque el horizonte del mundo lo puso Dios en el Reino. Hacia él caminamos, se oponga quien se oponga. Es Dios quien nos ha marcado el camino. Para ese caminar necesitamos obispos lúcidos, creyentes y casi suicidas, dispuestos a soportar los golpes de los señores del dinero y de sus aliados.
Hermanos obispos: perdonad si en algo os he ofendido. Juro que no era esa mi intención. Sólo os digo las cosas que siento, con todo el cariño del mundo y con toda la claridad con que sé explicarme. Si os sirven, bien. Si no os sirven, las tiráis s a la papelera. Sólo os digo que están escritas con muy buena voluntad. Nada más. Un saludo hermano y solidario.




sábado, 29 de noviembre de 2014

El Himno Cotidiano de Gabriela Mistral



HIMNO COTIDIANO    (Gabriela Mistral “Ternura”)

En este nuevo día
que me concedes, ¡oh Señor!,
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.

 Dame Tú el don de la salud,
la fe, el ardor, la intrepidez,
séquito de la juventud;
y la cosecha de verdad,
la reflexión, la sensatez,
séquito de la ancianidad.

 Dichoso yo si, al fin del día,
un odio menos llevo en mí;
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.
 Y si por la rudeza mía
nadie sus lágrimas vertió,
y si alguien tuvo la alegría
que mi ternura le ofreció.

Que cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.
 Y más potente me incorpore,
sin protestar, sin blasfemar.
Y mi ilusión la senda dore,
y mi ilusión me la haga amar.

 Que dé la suma de bondad,
de actividades y de amor
que a cada ser se manda dar:
suma de esencias a la flor
y de albas nubes a la mar.

 Y que, por fin, mi siglo engreído
en su grandeza material,
no me deslumbre hasta el olvido
de que soy barro y soy mortal.

 Ame a los seres este día;
a todo trance halle a luz.
Ame mi gozo y mi agonía:
¡ame la prueba de mi cruz!



domingo, 6 de julio de 2014

Las pensiones públicas: actualidad y perspectivas de futuro

El soterrado apoyo que desde las políticas neoliberales se viene proporcionando a los planes de pensiones privados (objetivo muy claro de los bancos por la inmensa cantidad de dinero que supone el ahorro sostenido y comprometido desde la juventud hasta la vejez), se plasma en las medidas gubernativas que, como un goteo intermitente pero continuo, confluyen en una progresiva disminución de las aportaciones al Sistema Público de Pensiones, a base de rebajar las cotizaciones en su cuantía, lo que se suma a la disminución del número de cotizantes.
Además, se toma por dogma y condición irrenunciable que dicho sistema de pensiones públicas ha de ser autosuficiente, lo cual elimina la opción de financiarlas con cargo a impuestos directos y progresivos, opción que podría suponer la solución al problema del posible déficit en su futura financiación.
Todo ello hace temer que, aunque las pensiones públicas no sean suprimidas, en la práctica terminen siendo tan exiguas con respecto al nivel medio de ingresos, que desemboquen en una situación generalizada de pobreza entre los pensionistas.
Los ciudadanos debemos exigir que en la Constitución se consagre, de forma explícita, el derecho de cualquier trabajador cotizante a la Seguridad Social, a percibir su pensión pública, llegado su momento, en una cuantía suficiente para garantizar unas condiciones de vida dignas en su etapa de pensionista, así como la imposibilidad de que cualquier gobierno presente o futuro pueda rebajar su poder adquisitivo. Por ello y para ello se recogen firmas pidiendo un REFERENDUM PARA BLINDAR CONSTITUCIONALMENTE LAS PENSIONES PÚBLICAS.
Ello responde a un modelo solidario de sociedad, en el que los trabajadores en activo sostienen, en conjunto, a los que, por edad o discapacidad, no están en situación de trabajar. Los planes privados de pensiones suponen un modelo individualista, en que cada uno ahorra (si sus ingresos se lo permiten) para su propia jubilación, quedando desprotegido aquel que no ha podido durante su vida laboral realizar unas aportaciones lo suficientemente cuantiosas.

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