viernes, 21 de marzo de 2025

Aquí estoy para Ti

 Aquí estoy para Ti, sin más palabras.

Para Ti es este rato.

En quietud expectante, aquí me quedo,

consciente de mi vida y de mi espera.


No importa si tu luz tarda minutos,

si tarda horas o siglos.

Yo nada pido. Espero, simplemente. 

Espero que en mi centro más profundo

se vaya evidenciando por sí solo, 

sin que yo sepa cómo, poco a poco,

un recóndito hueco

que solo sepa estar lleno de Ti.


Mientras tanto, contemplo tu Silencio,

y también mi silencio que lo escucha.

Mi presencia, centrada en tu Presencia.

Mi ser, acompasado con tu Ser.


Y si tardas no importa. 

No tengo prisa alguna.

No pido nada más, y me conformo

agradecidamente

sólo con esperarte,

con saber solamente que me mira

tu mirada amorosa.


No tengo más que hacer que confiar.


… Es, de algún modo,

casi como si ya hubieras llegado. 

POBRES, COMO YO


Sois pobres, como yo.

Pequeños, como yo.

Temerosos, soberbios tantas veces, 

tantas veces ridículos,

absurdos, incoherentes,

vulnerables, perplejos… Como yo. 

Como yo.



Arrastráis vuestra vida

diluyéndola en sueños,

la lleváis por caminos

que no son ciertos,

disimuláis sus rotos

a base de remiendos,

como locos payasos

que en el fondo están cuerdos, 

y que exhiben su risa y su belleza

mientras se saben tristes,

mientras se saben feos… Como yo. 

Como yo.


Y yo sé vuestro drama,

yo soy imagen vuestra,

humana, con vosotros,

hermanos de miseria.


Yo siento vuestra misma incertidumbre,

yo cargo con vosotros vuestra misma quimera.

Soy vuestra misma humanidad endeble,

vuestra misma tensión temblorosa e inquieta,

con vuestro mismo irrenunciable sueño,

y el peso mismo de vuestra cadena.

Con vuestro mismo miedo,

con vuestra misma pena.


Y por eso yo abrazo con ardor vuestro frío,

vuestro mismo vacío, 

vuestra misma tristeza…

martes, 18 de marzo de 2025

AMAR A UN SER HUMANO

 «Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas, contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive, son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni en si mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la Vida.

Amar a un ser humano es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención, interés y respeto; aceptar su experiencia sin pretender modificarla sino comprenderla; ofrecerle un espacio en el que pueda descubrirse sin miedo a ser calificado, en el que sienta la confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado; es reconocer y mostrar que tiene el derecho inalienable de elegir su propio camino, aunque éste no coincida con el tuyo; es permitirle descubrir su verdad interior por si mismo, a su manera, apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus expectativas; es valorarlo por ser quien es, no por como tu desearías que fuera; es confiar en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y confianza en su poder como ser humano.

Amar a un ser humano es atreverte a mostrarte indefenso, sin poses ni caretas, revelando tu verdad desnuda, honesta y transparente; es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables, permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes prefabricadas para causar una impresión favorable; es exponer tus deseos y necesidades, sin esperar que se haga responsable de saciarlas; es expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas; es disfrutar del privilegio de ser tú mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y en esta forma, irte encontrando a ti mismo en facetas siempre nuevas y distintas; es ser veraz, y sin miedo ni vergüenza, decirle con la mirada cristalina, “este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy, con gusto y libremente contigo lo comparto… si tú quieres recibirlo”.

Amar a un ser humano es disfrutar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente y responder en forma activa a su necesidad de desarrollo personal; es creer en él cuando de sí mismo duda, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha; es compartir en el presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras ni obligaciones impuestas, por la espontánea decisión de responderle libremente.

Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la Vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.

Amar a un ser humano es atreverte a expresar el cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada, de tu abrazo vigoroso, de tus besos, con palabras francas y sencillas; es hacerle saber y sentir cuánto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa honestamente, que cuenta contigo; es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría; es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido.

Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios límites y mantenerlos firmemente; es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda aquello que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo.

Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del Hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada “ser humano”, de la cual tú formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados oscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, amar a un ser humano es amarte a ti mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.»

…………..

Atribuido a Humberto Maturana Romecín por Sandra Mariana Palominos


https://es.wikipedia.org/wiki/Humberto_Maturana

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[Tomado de Facebook, muro de Marian Rojas Estapé, publicación de 15-03-2025]

miércoles, 12 de junio de 2024

La lluvia blanca

Produciendo un rumor apacible

caía el agua mansa. 

Yo la estaba observando muy quieta 

desde mi ventana.


Todas las ventanas del mundo 

estaban para la lluvia 

cerradas.

La mía en cambio estaba abierta,

abierta,

para que entrara.


Algunas gotas, a veces,

me salpicaban la cara.

Yo sentía hasta muy dentro

el limpio frescor del agua.


Al cobijo de las tejas

los gorriones se apretaban

pero acogían la lluvia 

con canción alborozada.


Llovía el cielo su promesa 

en limpia forma de agua, 

forma sin forma, que a toda 

forma se adapta.


Yo abría también mis manos

asomada a la ventana 

y recibía la lluvia. 

Desde siempre la esperaba.


El cielo blanco llovía 

blancura sobre mi cara, 

y era parecido a un beso 

sobre mi frente mojada,

beso que entraba en mi ser 

y hasta el alma me empapaba. 


Blanco era el cielo, y la lluvia 

también era blanca. 

Las ventanas del mundo eran negras 

y estaban cerradas.

En las ventanas del mundo 

no podía entrar el agua.


Examen de conciencia

Soledad,

La culpa de todo es mía 

por ponerte en un altar.


Por entregarte mi alma 

y dejarte gobernar.


Y también 

por quererte sin buscarte 

y buscarte sin querer. 

jueves, 23 de mayo de 2024

La historia de Salman: 12 fronteras y un sueño

LA AMABILIDAD DE LOS EXTRAÑOS

En la casa no había café. Mejor dicho, sí lo había, pero no teníamos ninguna forma de edulcorarlo. Y a mí las amarguras no me gustan nada, ni siquiera como sensación gustativa. 

Habíamos llegado la tarde anterior a nuestro lugar de vacaciones, situado en una zona residencial, sencilla y tranquila, urbana pero cercana a la naturaleza. Un estupendo lugar, pero desconocido.

Esa mañana, echando de menos mi rutina matinal, decidí salir a cualquier bar cercano en busca de un café que pudiera endulzarse. 


Al salir a la calle me resultó evidente la ausencia de cualquier local público. Me puse a caminar, esperando algún resultado mejor a la vuelta de la esquina siguiente. Pero al volver la esquina, aparecía siempre el mismo panorama: viviendas muy playeras, muy majas, todas con su jardín, pero todas bien cerradas. Y ni un alma por la calle.


Yo continuaba una manzana más, y otra, pero no descubría nada nuevo. De pronto, al cruzar una transversal, encontré un ejemplar de homo sapiens en forma de mujer, entrada en años aunque no tanto como yo, que barría una puerta de calle en uniforme de limpieza. Supuse que debía desempeñar allí la función de conserje de la finca, y que conocería la zona.


Me acerqué a ella y le pregunté si había cerca algún sitio donde poder tomar un café: ¿bar? ¿cafetería?… Ella detuvo su tarea para atenderme y se puso a repasar mentalmente sus conocimientos sobre la cuestión. Trató de responderme, con un leve acento extranjero tal vez proveniente del Este europeo: "… Por esta calle adelante… No, no, eso queda lejos”… “A lo mejor en esa otra dirección… aunque no sé si estará abierto… Y está lejos también…". Así estuvo un momento más, hasta que de pronto se le iluminó la mirada, y haciendo ademán de extender los brazos hacia la casa, con ambas manos abiertas, me dijo: 

«Si lo que quiere es un café… ¡Aquí mismo!»


Lo había dicho sonriéndome abiertamente con tanta calidez que yo me sentí conmovida por su espontáneo y completamente inesperado ofrecimiento, y en un inmediato impulso la tomé por los hombros y le di un beso agradecido, exclamando “¡Oooh…! ¡Bonita!!!”


No quise robarle tiempo de sus obligaciones. Me despedí repitiéndole mi sincero agradecimiento por un gesto tan hospitalario e inusual en estos tiempos individualistas y egocéntricos.


 


Recordé entonces el título de una película que vi hace algún tiempo, "La amabilidad de los extraños” (The kindness of strangers). Una película un tanto sentimental pero muy agradable. Y me dije: “No, no es cosa de película. La amabilidad de los extraños existe de verdad”.


Tengo que añadir, además, que ésta no es, ni mucho menos, la única vez que lo he comprobado con mi propia experiencia.

martes, 9 de noviembre de 2021

PADRENUESTRO

Padre,

que no inasible extraño

ni majestad ignota capaz de enmudecernos.

No Dueño inapelable, 

sino Padre Materno, Padre Tierno,

que nos invita a dialogar con Él

en confianza íntima de hijos…

**


Padre y Madre a la vez,

Padre Nuestro, de todos,

que no tan sólo mío y sí de cada uno:

huella de infinitud en nuestras almas,

comunión del origen que nos hace

reconocibles unos para otros

como seres fraternos.

**


Padre nuestro, que estás en el cielo

porque trasciendes todos nuestros límites,

nuestros sentidos todos

y cuanto ellos alcanzan.


Padre nuestro del cielo que estás en la tierra,

porque todo lo bueno y hermoso

que en ella encontramos

de Tí nos habla, a Tí nos encamina.

**


Padre, Tu nombre sea

siempre santificado y bendecido.


Glorificado seas con el ser

de todo lo creado.

Glorificado seas, sobre todo,

en nuestros pasos, hacia Ti dispuestos,

en nuestro hacer y en nuestro deshacer.


Siempre alabado seas

en cualquier expresión de nuestra hondura,

en cualquiera de nuestras acciones.


Que nuestras vidas  se conformen, Padre,

con el feliz sentido que tu amor

proyectó para ellas en principio.

Que en todo lo que hagamos en el mundo 

seas libre y conscientemente honrado,

reconocido así como quien eres.

**


Venga a nos el Tu reino, Padre nuestro.

El reino que desean desde siempre

sin ser capaces nunca de alumbrarlo,

los milenios del hombre.


Venga a nos el tu reino de verdad sin disfraces,

de relaciones justas,

de rectos e inocentes y sabios corazones… 

Reino de Espíritu.

**


Así como en el cielo, así en la tierra 

se haga Tu voluntad,

y la tierra será de nuevo tierra virgen

por el cielo habitada.


Haz que Tu voluntad nos sea alimento,

haz que la amemos con pasión del alma

sobre toda otra cosa,

y que busquemos siempre conocerla

para verla cumplida, para hacerla

fruto de realidad.


Que sea tu querer

motor de nuestro hacer,

y con amor sepamos acogerlo

cuando nos viene dado en el acontecer.


***

Danos hoy nuestro pan

de cada día…  y no pidamos más.


Tan sólo danos fortaleza y gracia

para no preocuparnos demasiado

de todo lo que excede

nuestras necesidades verdaderas.


Y si comemos hoy el pan de cada día, 

gracias por ese pan.

Impregna nuestras vidas de celo generoso 

para que no olvidemos 

a los que no lo tienen a su alcance.

Que nuestro amor, nuestro sentido innato

de lo que es bueno y justo

luche por conseguírselo.


No descansemos, Padre,

hasta que en todo el mundo,

para todos los hombres y mujeres,

haya pan y trabajo, dignidad y respeto,

derecho y crecimiento genuinos. 

Conviértenos, Señor, en instrumento

de tu plan de justicia

y de tu providencia para el mundo.

**


Padre, perdónanos.

Mira benevolente

los continuos desaires y traiciones

de nuestra mezquindad, nuestra bajeza.


Y enséñanos también a perdonar

a aquéllos que nos hayan ofendido,

quizá tan miserables como somos nosotros, 

tan pequeños, tan frágiles.

Quizá tan miserables, y no más.


Que perdonemos, Padre,

como perdonas Tú,

con el perdón nacido de antemano

antes incluso de sufrir la ofensa.


Que perdonemos, Padre,

las deudas que lo son y las imaginadas,

las heridas causadas a sabiendas,

y aquellas otras que fabrica y urde

nuestra propia orgullosa suspicacia.

**


No nos dejes caer en tentación ninguna.

No nos dejes caer, que tropezamos

en cualquier altibajo del camino.

Mira que nuestro paso es vacilante,

mira que nos abate cualquier viento,

mira que somos débiles, 

mira que nos caemos…

¡No nos dejes caer!

**


Y líbranos del mal, Dios Padre bueno.

Líbranos de obrar mal,

líbranos de seguir ningún camino

que no termine en Tí,

que de Tí nos aleje, que nos pierda en lo oscuro,

que nos hunda en el pozo de lo que no eres Tú.


Líbranos también, Padre,

de padecer el mal, si ello es posible;

pero no se haga en esto

nuestro simple querer,

sino tu voluntad.


                               … Y que así sea.

















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